lunes, 16 de septiembre de 2013

El mundo no es una función. La unicidad no hace eco en la existencia. Nacimos puntos, la línea nos atraviesa. De arriba para abajo, de abajo para arriba. El mundo no es una función. Pero, a veces, mirar tan sólo un punto y ver cuántas otras líneas multidireccionales lo atraviesan, confunde. El mundo no es una función. Los puntos no están quietos. Tiemblan. En su temblar conocen, experimentan y vuelven a la línea. Así la monotonía impuesta se disfraza de equilibrio alcanzado. Basta de temblar. No hay mejor equilibrio que el dinámico. A movernos. Que no importe la vuelta.

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